Cuando pienses que estás perdida, que estás equivocada, que no sabes cómo hacerlo, que te supera la situación, que has perdido los nervios, que no lo has sabido gestionar con paciencia, que te hubiera gustado resolverlo de otra forma, que no estás segura de si serás capaz de entenderles, de comprenderles, de acompañarles en su fatigas mentales porque igual no puedes llegar a ellas y de ser su pilar incondicional aunque siempre lo intentes…

Piensa en lo que era tu vida antes de ellos y lo que es ahora, después. Ese determinante e importante brochazo que puso tu vida patas arriba te hará comprender la grandiosidad de todo lo que intentas, lo que haces, sea cual sea el resultado, y de toda la importancia de cada una de las pequeñas y grandes cosas que desarrollas para estar a su lado y ayudarles cada día. Eso, en sí mismo, es la base de la maternidad, de la educación y de la crianza de los seres más maravillosos que la naturaleza ha querido que tú, y solo tú, cuidaras con todo tu amor, tus errores y tus aciertos para que juntos pudierais evolucionar y crecer.

No te cuestiones, tú sientes que ellos son lo más importante que tienes y así lo demuestras todos los días, ¿acaso eso no es la mayor prueba de que estás intentándolo hacer siempre bien?