Si un día llegas a casa reventada y ¿no te apetece hacer nada? Pues eso, ¡nada!

Te sientas tranquilamente, te tomas algo tan a agustito mientras ojeas ese libro que tanto tiempo llevas queriendo mirar y te relajas. Lo haces porque sabes que todo está hecho, que la ropa está limpia y planchada y la comida preparada para mañana y, por supuesto, una rica cena para hoy. Además todo está ordenado y la casa huele a limpio. ¿Qué más puedes pedir? Solo hay que pedirlo o ¿no…?